Este articulo, es nuestra Tema 1 de nuestra Serie:
Psicología Del Aprendizaje
La falsa dicotomía: ¿nacemos con nuestras capacidades o las aprendemos?
¿Hasta dónde puede llegar una persona?
Imagina a dos personas que comienzan a aprender exactamente la misma habilidad. Una parece avanzar rápidamente: entiende las ideas, recuerda con facilidad y adquiere confianza. La otra necesita más tiempo, comete errores y parece avanzar lentamente.
Entonces aparece una pregunta que puede cambiar la manera en que ambas interpretan su futuro:
¿La primera persona «nació para hacerlo» y la segunda simplemente no tiene talento?
Durante mucho tiempo hemos explicado nuestras capacidades mediante una división aparentemente sencilla: algunas cosas son innatas y otras son adquiridas. Tenemos facilidad para ciertas actividades, dificultades para otras y características que parecen acompañarnos desde nuestros primeros años.
Sin embargo, la realidad del aprendizaje humano es mucho más interesante.
Nuestros genes, nuestro cerebro y nuestras características biológicas influyen en la manera en que aprendemos, pero nuestras experiencias, relaciones, educación, práctica, motivación y contexto también participan activamente en nuestro desarrollo.
Por eso, una de las primeras ideas que necesitamos comprender cuando hablamos de Psicología del Aprendizaje es que «innato» y «adquirido» no son necesariamente dos mundos separados.
Aprendemos a partir de lo que somos, pero también nos vamos convirtiendo en personas diferentes a través de aquello que aprendemos.
1. Lo que traemos al comenzar el camino
Cada persona llega al mundo con determinadas características biológicas. La genética participa en aspectos como el desarrollo físico, ciertas predisposiciones, características temperamentales y múltiples procesos relacionados con el funcionamiento del organismo.
Esto significa que no todos comenzamos exactamente desde el mismo punto.
Una persona puede mostrar desde pequeña mayor facilidad para determinadas actividades; otra puede necesitar más práctica. Algunas personas tienen un temperamento más tranquilo, mientras otras tienden a buscar más estímulos. Existen diferencias individuales en atención, memoria, velocidad de procesamiento y muchas otras capacidades.
Reconocer estas diferencias no significa pensar que nuestro destino está escrito.
Aquí aparece una distinción fundamental:
tener una predisposición no equivale a tener un destino.
Una característica inicial puede influir en el camino, pero la experiencia puede modificar profundamente nuestras habilidades y comportamientos.
Pensemos en el deporte. Una persona puede tener determinadas características físicas favorables para una disciplina, pero eso no convierte automáticamente a esa persona en un atleta competente. Necesitará entrenamiento, disciplina, orientación, descanso, alimentación, experiencia y muchas horas de práctica.
Lo mismo sucede con numerosas capacidades intelectuales y profesionales.
En el mundo empresarial, por ejemplo, podemos encontrar personas que parecen tener una facilidad natural para comunicarse, negociar o asumir liderazgo. Sin embargo, las habilidades empresariales también se construyen mediante experiencias, capacitación, observación, errores, retroalimentación y práctica.
La pregunta entonces deja de ser:
«¿Tengo talento?»
y empieza a ser:
«¿Qué puedo desarrollar a partir de mis características actuales?»
Ese cambio de pregunta tiene enormes consecuencias.
2. El aprendizaje transforma lo que hacemos con nuestras capacidades
Si nuestras características iniciales fueran nuestro destino absoluto, aprender tendría un papel muy limitado.
Pero sabemos que la experiencia modifica nuestro comportamiento y que el aprendizaje permite adquirir conocimientos, desarrollar habilidades y construir nuevas formas de responder ante diferentes situaciones.
Aprender un idioma, utilizar una herramienta tecnológica, dirigir un equipo, administrar un negocio, hablar en público o resolver un problema complejo son ejemplos de capacidades que pueden desarrollarse.
Esto no significa que todas las personas alcanzarán exactamente el mismo nivel ni que el esfuerzo elimina todas las diferencias individuales.
Significa algo más realista y más útil:
nuestro punto de partida no es necesariamente nuestro punto de llegada.
Esta idea resulta especialmente importante para quienes buscan superarse personalmente.
A veces confundimos una dificultad actual con una incapacidad permanente.
Decimos:
«No soy bueno para las matemáticas.»
«No sé hablar frente a un grupo.»
«No tengo creatividad.»
«No sirvo para vender.»
«No soy una persona disciplinada.»
Pero muchas de estas frases describen una experiencia presente, no una sentencia sobre nuestro futuro.
Una habilidad puede encontrarse poco desarrollada porque nunca tuvimos la oportunidad de practicarla, porque recibimos poca orientación, porque utilizamos estrategias inadecuadas o simplemente porque todavía estamos en una etapa inicial del proceso.
Esto también tiene una implicación para padres, maestros, líderes y emprendedores: la manera en que hablamos de las capacidades de una persona puede influir en la manera en que esa persona interpreta sus propias posibilidades.
No es lo mismo decir:
«No tienes capacidad para esto.»
que decir:
«Todavía necesitas desarrollar esta habilidad.»
La segunda expresión no niega la dificultad. Pero deja abierta la posibilidad de crecimiento.
3. Naturaleza y experiencia: una relación, no una competencia
La psicología contemporánea ha mostrado que explicar el desarrollo humano únicamente mediante la herencia o únicamente mediante el ambiente resulta demasiado sencillo.
La conducta surge de interacciones complejas entre características biológicas y experiencias.
Nuestro organismo influye en cómo respondemos al entorno, pero el entorno también influye en nuestro desarrollo.
La educación modifica conocimientos. La práctica modifica habilidades. Las experiencias sociales influyen en nuestras formas de relacionarnos. Los hábitos cambian nuestros patrones de comportamiento. Los contextos pueden facilitar o dificultar determinadas conductas.
Podemos imaginarlo como una conversación permanente entre persona y ambiente.
Una persona aprende dentro de un contexto y ese aprendizaje, a su vez, modifica la manera en que interactúa con ese contexto.
Esta perspectiva es especialmente valiosa para el emprendimiento.
Un emprendedor puede comenzar con entusiasmo, curiosidad o facilidad para identificar oportunidades. Pero la experiencia empresarial le exigirá aprender a manejar incertidumbre, administrar recursos, interpretar información financiera, negociar, liderar personas y tomar decisiones.
No necesariamente nació sabiendo hacerlo.
Se convirtió en alguien capaz de hacerlo mediante aprendizaje.
Y esto también funciona al revés: una persona que inicialmente no se considera emprendedora puede desarrollar muchas de esas competencias mediante educación, experiencia y práctica.
Por eso debemos tener cuidado con las etiquetas.
«Soy así.»
«Él es malo para esto.»
«Ella no tiene madera de líder.»
«Yo no nací para vender.»
Las etiquetas pueden describir una situación momentánea, pero cuando las convertimos en identidad permanente pueden limitar nuestra disposición a aprender.
4. ¿Qué podemos hacer con esta idea en nuestra vida?
Superar la falsa dicotomía entre innato y adquirido no significa pensar que todo depende exclusivamente de la voluntad.
Hay límites, diferencias individuales, circunstancias y condiciones que debemos reconocer.
Pero también significa evitar el extremo contrario: creer que nuestras características iniciales determinan completamente quiénes podemos llegar a ser.
Una forma práctica de aplicar esta idea consiste en cambiar nuestra manera de observar el aprendizaje.
Primero: identifica tu punto de partida
Pregúntate:
¿Qué sé hacer actualmente? ¿Qué me cuesta? ¿Qué características personales influyen en mi manera de aprender?
No se trata de juzgarte. Se trata de conocerte.
Segundo: distingue capacidad actual de potencial de desarrollo
No saber hacer algo hoy no demuestra que jamás puedas aprenderlo.
Pregunta:
¿Qué parte de esta dificultad se debe a falta de conocimiento, práctica, experiencia o estrategia?
Tercero: busca experiencias que produzcan aprendizaje
Leer es útil, pero hacer también lo es.
Practica. Experimenta. Comete errores razonables. Solicita retroalimentación. Observa a personas competentes. Ajusta tu estrategia.
Cuarto: convierte el aprendizaje en parte de tu identidad
En lugar de decir:
«No soy bueno para esto.»
puedes comenzar a pensar:
«Todavía estoy desarrollando esta habilidad.»
No se trata de repetir una frase positiva sin fundamento. Se trata de adoptar una perspectiva orientada al aprendizaje.
Aprender también es convertirse
Quizá una de las ideas más poderosas de la Psicología del Aprendizaje sea comprender que las personas no solamente adquirimos información.
También desarrollamos capacidades, hábitos, estrategias, formas de pensar y maneras de relacionarnos con los demás.
Por eso aprender tiene una dimensión profundamente humana.
Cada nueva habilidad puede ampliar nuestras posibilidades.
Aprender a escuchar puede mejorar nuestras relaciones.
Aprender a administrar el dinero puede mejorar nuestras decisiones.
Aprender a dirigir puede transformar un equipo.
Aprender a manejar nuestros errores puede fortalecer nuestra resiliencia.
Aprender a aprender puede convertirse, finalmente, en una de las competencias más importantes para toda la vida.
El éxito no consiste únicamente en aprovechar aquello con lo que nacimos. También consiste en descubrir qué podemos construir a partir de ello.
Tu punto de partida no tiene que ser tu destino
La discusión entre naturaleza y experiencia suele plantearse como si tuviéramos que elegir una de las dos.
Pero para comprender verdaderamente el aprendizaje necesitamos una mirada más amplia.
Somos resultado de una interacción constante entre lo que traemos y lo que vivimos.
Tenemos características iniciales, pero también tenemos experiencias.
Tenemos predisposiciones, pero también podemos desarrollar habilidades.
Tenemos un punto de partida, pero seguimos construyendo nuestro camino.
Para un emprendedor, esta idea puede significar dejar de esperar a sentirse «listo» y comenzar a desarrollar las capacidades que necesita.
Para un líder puede significar dejar de etiquetar a las personas y empezar a crear condiciones para que puedan crecer.
Para cualquier persona puede significar algo todavía más importante:
no confundir lo que hoy somos capaces de hacer con todo aquello que podemos llegar a aprender.
Piensa…
Tal vez hoy exista una habilidad que consideras fuera de tu alcance. No necesitas convencerte de que será fácil ni pensar que el esfuerzo garantiza cualquier resultado. Simplemente comienza con una pregunta diferente: ¿qué puedo aprender a partir de donde estoy hoy? Cada experiencia, cada intento y cada error pueden convertirse en parte de tu desarrollo. Porque aprender no solamente cambia lo que sabes; con el tiempo, puede cambiar lo que eres capaz de hacer y, con ello, ampliar las posibilidades de la vida que estás construyendo.
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